¿Quién diría que en medio del caos de las guerras también surgirían obras maestras... líquidas? A lo largo de la historia, los conflictos armados no solo han cambiado mapas y regímenes, también han dejado su huella en la cultura del bar. Desde bebidas creadas por soldados para entrar en calor, hasta tragos que nacieron en la clandestinidad para burlar la ley, la guerra y la coctelería tienen una relación mucho más estrecha (y sabrosa) de lo que imaginas.
Comenzamos con un cóctel que lleva el nombre de un cañón. Sí, literal. El French 75 se bautizó así en honor al cañón de campaña de 75 mm usado por el ejército francés en la Primera Guerra Mundial. ¿La razón? Según quienes lo probaron, este cóctel tenía el mismo punch que un disparo del arma.
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45 ml de ginebra
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15 ml de jugo de limón fresco
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15 ml de jarabe simple
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Champagne para rellenar
Agita los ingredientes (excepto el champagne), sirve en una copa tipo flauta y termina con burbujas. ¡Boom!
El Sazerac, considerado uno de los primeros cócteles en América, se popularizó en Nueva Orleans en pleno siglo XIX. Aunque nació antes de la Guerra Civil estadounidense, fue durante este conflicto que los soldados del sur lo usaban como un tónico reconfortante. En esa época, el alcohol era recetado casi como medicina, y el Sazerac, con su base de coñac (luego reemplazado por whiskey), fue un favorito.
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60 ml de rye whiskey
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1 terrón de azúcar
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2 gotas de Peychaud’s bitters
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Unas gotas de absenta para perfumar
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Cáscara de limón
Remueve el azúcar con los bitters, añade el whiskey y sirve en un vaso frío enjuagado con absenta.
Ernest Hemingway no fue el primero en amar un Daiquiri. Este cóctel nació cerca de Santiago de Cuba, justo después de la Guerra Hispano-estadounidense (1898), cuando ingenieros estadounidenses trabajaban en las minas locales. Para combatir el calor, mezclaron ron cubano, lima y azúcar... ¡y listo! Nació un clásico tropical de guerra.
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60 ml de ron blanco
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25 ml de jugo de lima fresco
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15 ml de jarabe simple
Agita todo con hielo y sirve en una copa coupé. Refrescante como una tregua.
Durante la Primera y Segunda Guerra Mundial, la ginebra pasó de ser una bebida barata a un símbolo del ingenio británico. En el frente, los soldados mezclaban ginebra con lo que encontraban: jugo de limón, azúcar, soda… y en muchos casos, tónica. Así nació el Gin Tonic, no solo como cóctel, sino como defensa contra la malaria, gracias a la quinina de la tónica.
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50 ml de ginebra
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Agua tónica al gusto
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Rodaja de limón o pepino
Sirve sobre hielo y ¡a combatir los mosquitos!
El Manhattan, ese cóctel elegante y misterioso, ha sido vinculado por algunos historiadores a un banquete político en Nueva York en tiempos turbulentos del siglo XIX, pero durante la Guerra Fría fue símbolo de sofisticación occidental. Mientras el vodka se posicionaba como símbolo del bloque soviético, el bourbon y el vermut eran el emblema americano en la coctelería.
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60 ml de bourbon o rye whiskey
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30 ml de vermut rojo
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2 gotas de angostura
Revuelve con hielo, cuela en copa de cóctel y decora con cereza.
Aunque ninguna guerra es buena noticia, es curioso cómo la necesidad, la supervivencia y hasta la nostalgia han dado origen a cócteles que hoy consideramos legendarios. La próxima vez que levantes una copa, recuerda que quizá esa mezcla nació en medio del caos... ¡y sobrevivió para contarlo!
¿Conoces otro cóctel con historia bélica? ¡Queremos saberlo!





